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28 dic. 2008

En palabras

El infravalorado oficio de fotógrafo.

No hace mucho que aún se usaba la emulsión fotoquímica para realizar nuestros trabajos. Apenas hace unos años que andábamos cambiando el carrete y midiendo la luz con el fotómetro de mano.
Creo que aquellos eran tiempos mejores para nuestra profesión, en el sentido de que se nos valoraba mas. Éramos como magos, que de un pequeño chasis metálico conseguíamos sacar las impresionantes imagenes que nos distinguían como profesionales. Y no digamos ya cuando nos metíamos en el cuarto oscuro y hacíamos salir de la nada una imágen de un papel en blanco en una habitación iluminada por una misteriosa luz roja.
Por aquél entonces sólo el acto de apretar el botón estaba al alcance del gran público, el resto (revelado y ampliación) escapaba de su comprensión y conocimientos. Éso hacía que la gente se atreviese menos a opinar sobre nuestro trabajo.

Hoy en día el total del proceso lo lleva a cabo uno mismo, desde la captura hasta la impresión de las imagenes. Profesionalmente el mundo digital ha sido un gran salto cualitativo y creativo, pero nos ha traído algo de lo que antes estábamos a salvo: la avalancha de intrusismo que inunda este bello oficio.
Todos hacen fotos, todos las retocan, todos las imprimen. Al cabo del día se realizan muchas miles de fotografías mas que las que se realizaban antes, no porque ahora haya mas afición (ojalá fuera así), sino porque ahora es gratis. Ahora el mundo es una fotografía.

La gente está saturada de imagenes. Vemos miles y miles al día, profesionales y de nuestros amigos, propias y ajenas, da igual, la fotografía forma parte de nuestra vida. Y ésto se ha tornado en un arma de doble filo. Estamos tan acostumbrados a ver fotografías que la gente cree que se hacen solas, por ciencia infusa. Ya no nos planteamos que detrás de algunas imagenes, de ésas en las que vemos un "algo" especial, un "algo" que las hace diferentes al resto, hay un profesional que ha dedicado su vida a éste arte y que muy provablemente pase mas tiempo junto a su cámara que al lado de su familia.

Ahora la gente se ve con capacidad para opinar sobre un trabajo profesional, es mas, ahora la gente ve cada vez menos a la fotografía como un trabajo que necesite un profesional. Total, si es disparar y como lo veo al instante, si no me gusta lo repito y listo, hasta que salga, y si no sale, pues para éso está el Photoshop. Denigrante.
Que ésto lo piense el público profano en la materia pase, pero que lo piense alguien que se supone debería ver a la fotografía como algo mas que apretar un botón...éso sí que es lamentable. Y desgraciadamente lo estamos viviendo.

La fotografía está infravalorada como nunca lo ha estado y a ésto estamos ayudado desde dentro, tirando los precios, tolerando el intrusismo y la competencia desleal.
Cuando un trabajo necesita del saber hacer de un profesional es porque la cámara necesita ser manejada por alguien que la entienda, que entienda la luz, que vea mas allá de lo que tiene frente a sus narices, mas allá de lo que la gente "normal" ve, y éso tiene un precio.
Salvo los mas afortunados, parece que los fotógrafos (léase: el que vive de la fotografía) tenemos que mendigar nuestro sueldo, pedir por favor que se nos pague lo que nos corresponde, y si acceden a ello, pedir perdón por ser "tan caros".
Hay veces que me siento mal al enviar un presupuesto, porque el cliente me hace sentir como si le estubiera robando. Y ésa sensación no la tenía cuando aún ponía un carrete dentro de la cámara. ¿Será que los precios descomunales que pagamos los profesionales por nuestros equipos traen implícitos el sentimiento de culpabilidad?
Se lo consultaré a la almohada.

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